Wednesday, 29 June 2011

Jodpur

Cuando llegamos descansados y frescos a la estación de Jodpur después de una noche en el sleeping tren, pensé ingenuamente que íbamos a pasar por esta ciudad sin pena ni gloria. Juicios apriori que hace una! En la cabeza tenía la idea que estaríamos allí solo para hacer escala mientras íbamos hacia Jaipur.

Unas horas después, la ciudad me contradecía desde sus calles por las que circulan camellos cargados de mercancías, desde sus andenes cercanos a la estación de tren donde viven decenas de sadhus envueltos en sus túnicas color azafrán, desde su mercado amurallado donde se consiguen las especias más olorosas, los textiles de tonos más vibrantes y claro, donde también se venden horrorosos muñecos de plástico que Oisín insiste en inspeccionar con detenimiento, cortaúñas como para cóndores, y muchos los puestos de comida frita. “India nos enseña cosas todos los días” me dijo Paola, una chica Chilena que conocimos hoy en Jaipur. Y después de tres semanas aquí me doy cuenta que faltan sentidos para explorar este país que nos asalta a cada paso con experiencias, imágenes, y olores intensos.

Creo que Jodpur ha sido el lugar donde hemos tenido una oportunidad más directa de experimentar algo de la vida rural de este país. El hotel donde nos quedamos, el Govind Hotel, ofrece tours para visitar comunidades Bishnoi que viven a una hora en carro del centro de Jodpur. Bish (dos) noi (nueve) según nos explicó nuestro guía hace referencia a 29 principios o leyes que regulan la vida de la comunidad. Los principios en general están relacionados con la convivencia armónica con el medio ambiente. Son estrictamente vegetarianos y como prueba de su responsabilidad medioambiental hacen referencia a un incidente en 1730 cuando más de 360 miembros de la comunidad murieron al oponerse a la tala de árboles impuesta por el maharajá de turno. Como resultado no solo la tala de árboles sino la caza de animales están prohibidas en las áreas habitadas por la comunidad.

Visitamos varias de las áreas habitadas por los Bishnoi (ver el video Bishnoi Scenes en el post anterior) no sin algo de prevención, pues el status de turistas nos convierte en espectadores pasivos de las escenas que han sido predeterminadas por quienes organizan las visitas. El tour mismo está dividido en secciones que permiten observar las actividades tradiciones de la comunidad: vimos a una mujer reducir a harina, en un molino de piedra, los granos que luego se amasan para hacer el pan Indio Chapati, bebimos manotadas de té de opio (que se toma con la palma de la mano, nunca en taza!) visitamos a una familia que hace telares enormes con lana de camello, a otra familia que hace telas impresas con bloques de madera y tintes naturales y almorzamos cebollas deliciosamente cocinadas con cominos y semillas de mostaza en casa de una familia de tejedores.

Para mí el mérito del tour estuvo en las escenas que vimos mientras llegábamos a las áreas Bishnoi y los comentarios del conductor del carro que muy atentamente respondía a mis interrogatorios. Grupos grandes de mujeres con el rostro cubierto con velos rojos volvían a sus casas caminando bajo el sol de las 9 de la mañana, casi todas con azadones cortos al hombro. Según entendí, el gobierno les paga para que trabajen de 6 a 9 de mañana abriendo canales y sacando arena de los lagos cercanos para almacenar el agua lluvia del monzón que llega esta semana a estas áreas áridas de Rayastan. El rostro cubierto de las mujeres, que hemos visto más aquí que en Delhi o en el norte de la India, y en general la actitud pública de las mujeres de la India merecería páginas enteras.

En la actualidad cubrirse el rostro hace parte de una seria de prácticas culturales relacionadas con la honra del esposo y la familia política de la mujer. Los orígenes de esta práctica se remontan al arribo de los musulmanes a la India. Para ellos poder mantener a sus mujeres encerradas y sin trabajar era muestra de su capacidad económica, demostraba que la familia no dependía de un salario femenino para sobrevivir. La palabra persa purdah significa literalmente cortina y hace referencia a mantener a las mujeres alejadas de las miradas masculinas El guía nos explicó que si la mujer camina por la calle en el pueblo de su marido sin tener el rostro cubierto, la comunidad entiende esto como un desafío a la moral y la familia política tiene que enfrentar el escarnio público. Las mujeres, sin embargo, pueden caminar sin cubrirse el rostro cuando están en el área donde vive su propia familia. Valiente gracia! Ya que una vez casadas tienen que vivir en la casa de su familia política, otra de esas excepciones a las reglas que sirven casi de nada.

En dos de las casas que visitamos vi como las mujeres jóvenes, que viven con sus familias políticas, tienen un estatus casi de empleadas domésticas, la suegra asume el rol de anfitriona (en ausencia de un hombre de la casa) o está presente en las conversaciones si hay un hombre en la casa, mientras la mujer de su hijo limpia o cocina alejada del contacto con visitantes como nosotros.

Cuando regresábamos al carro después de visitar la familia que imprime telas con bloques de madera nos encontramos con una escena bastante fuerte. Un grupo de mujeres estaban congregadas en círculo alrededor de un niño de unos diez años que además de estar muy pálido tenía una pierna cubierta con vendajes untados de sangre. Nuestro guía nos contó que el niño había sido picado por una serpiente y que las mujeres lo habían traído al lugar donde estábamos para rezar al dios serpiente para que la herida se curara pronto. Yo le pregunté si había un hospital cercano y me dijo que sí, pero que con los rezos el veneno saldría en dos o tres días así que no había necesidad de llevarlo al hospital. Creo que él malinterpreto mi angustia y se apuró por asegurarme que la picadura había sucedido en un pueblo LEJOS de donde estábamos nosotros, que ahí no había porque preocuparse. Yo quise saber los rezos al dios serpiente en ese momento porque además de rezar no parecía que ellos contemplaran otra posibilidad.

Salimos de Jodpur el lunes por la mañana en un tren rumbo a Jaipur, la ciudad rosada, y aquí estaremos, hasta mañana cuando tomemos otro tren que nos llevara a Agra la ciudad del Taj Mahal.